Sueño del inmortal indeseable

El sueño empezó con mi padre, mi hermana y yo llegando a un pelotero. La estructura general del pelotero era como un gran cubo, y no parecía que hubiera nada alrededor en la zona, aunque persistía en mí la impresión de que estábamos en una ciudad.


Algo así pero mucho más grande y en lo abierto

Corriendo por la estructura, mi hermana vio un espacio muy reducido donde quizá podía entrar un cuerpo humano, pero decidió que no estaba pensado como parte de la atracción y lo pasó por alto. Yo, tomándomelo como un desafío, entré en el túnel estrecho y traté de aventurarme y ver adónde me llevaba. Descubrí que efectivamente no era una parte planeada de la atracción cuando el túnel me terminó llevando a la calle. (También vi ahí una cucaracha, y me dio mucho miedo.)

Ya en la calle, rodeé el pelotero buscando entrar de nuevo. Mientras lo hacía, vi que había pasado de estar casi desierto a estar completamente rebalsado de gente. Para cuando logré entrar de nuevo, el sueño había cambiado por completo:

No estábamos en un pelotero cúbico sino en una gran mansión con forma de escalera, varias cámaras consecutivas, cada una más alta que la anterior, separadas todas no por paredes sino por escaleras, siempre en la misma dirección (probablemente similar en estructura interna al Domo de Placer en Brütal Legend). Yo ya no era David Marchand, sino el Gran Gatsby, interpretado por Leonardo DiCaprio como en la película recién estrenada de la que todavía sólo vi el tráiler (aunque más tarde, al despertarme, tuve la impresión repentina, y errónea, de que en la nueva película Gatsby era interpretado por Tobey Maguire. Me pareció haberme confundido a Jay Gatsby con “Monsieur” Calvin Candie).

La mansión era mi mansión, y ahora era de noche, y estábamos en una fiesta que yo había organizado. Yo la estaba pasando bien, y hablaba con una mujer que me interesaba, hasta que llegó el Inmortal Indeseable (bautizado así por mi Yo despierto, en el sueño el tipo tenía un nombre completo que no se mencionó).

En este punto yo estaba parcialmente al tanto de que estaba viviendo adentro de una obra de ficción, en los zapatos de un personaje, y mis acciones se sentían propias sólo parcialmente. Mi Yo en el sueño, a diferencia de mi Yo real, había leído The Great Gatsby, y reconocía al inmortal como un personaje de la novela. Era un viejo enemigo de Gatsby, y su presencia estaba arruinando la fiesta. Gatsby no podría descansar hasta que el inmortal desapareciera, pero estaba el ineludible problema de que se trataba de un inmortal, que sólo podía morir si así lo decidía.

Mi objetivo era o bien echarlo de la fiesta o bien matarlo. Lo que hice fue cagarlo a trompadas. No sé si me voy a detener mucho en esta parte, pero sí señalo que fue la escena individual más extensa del sueño. Esencialmente una escena de acción, en la que dos enemigos se pelean. La acción era exagerada y mi fuerza inverosímil, como una pelea en The Matrix. Ambos lados peleaban constantemente, pero yo tenía la ventaja la mayor parte del tiempo. Mientras lo iba golpeando íbamos subiendo por la mansión, y la gente nos miraba con sorpresa. Llegamos a lo más alto, los baños, donde el inmortal siguió perdiendo y siendo estrellado por mí contra todas las terribles superficies sólidas que hay generalmente en los baños.

Desde mi perspectiva, la golpiza era una cosa extraña. En principio, me sorprendía lo superhumano de mi fuerza, con la que podía levantar al inmortal y lanzarlo por el aire de maneras increíbles, como en una película de superhéroes. Tampoco estaba muy claro quién decidía mis golpes. Yo sentía que tenía que llevarlos a cabo, y que movía mis extremidades conscientemente, pero también sabía que eran parte de la historia que mi personaje estaba interpretando, y que ese imperativo estaba más allá de mi capacidad de control.

Por otra parte, sabía que mi personaje tenía un plan, pero no tenía idea de cuál era. No estaba empujando al inmortal en dirección a la puerta, al contrario, estábamos cada vez más adentro de mi mansión. Tampoco estaba tratando de matarlo, porque tal cosa no era posible (aunque cada vez que le asestaba un golpe muy duro, algo dentro de mí se asustaba con la posibilidad de que yo acabara de haber matado a una persona).

Después de haber subido por la mansión y de habernos peleado en el baño, empezamos a bajar. Yo lo empujé por todas las escaleras que había, hasta que volvimos a la sala principal, donde ya casi nadie nos daba bola porque se estaba proyectando una película en una de las paredes. Como yo sentía que estaba salvando el día con un plan maestro, la falta de atención me cayó mal. Lo que hice fue levantar al inmortal por sobre mi cabeza y estamparlo contra la última escalera, lo que hizo un ruido tremendo y convocó toda la atención de la sala. El cuerpo del inmortal fue cayendo por la escalera hacia la sala principal como un cadáver, y de nuevo sentí miedo, pero al poco tiempo se levantó.

Aunque yo no había sentido ni sentía ningún dolor, era claro que mi personaje Gatsby estaba golpeado y cansado. El inmortal, sin embargo, estaba mil veces peor. Tenía toda la ropa destrozada y su cuerpo al borde del colapso. Daba la impresión de que, de haber sido un hombre mortal, se hubiera muerto varias veces a esta altura.

—¿Qué estás tratando de hacer? Si sabés que no me podés matar… —me preguntó, aproximadamente, el inmortal. Obviamente no recuerdo las palabras exactas de nadie.

—Estoy tratando de que quieras morir —le respondí, revelando mi plan, y a punto de llorar. Ahora estábamos cara a cara, muy cerca el uno del otro, y todos nos estaban mirando.

—¿Pensás que eso es difícil? —me dijo, llorando él sin reserva— Hace mucho que quiero morir, Gatsby. Hace muchísimo tiempo que quiero morir. Pero es que te odio tanto…

El inmortal se había quedado sin palabras. Era un momento muy emotivo. Por alguna razón, su enemistad conmigo lo convencía de permanecer con vida, cuando él en realidad deseaba que se terminara todo de una buena vez. Yo también me largué a llorar a moco tendido. Me arrodillé frente a él y lo abracé por las caderas, como quien suplica. Pero no estaba suplicando nada, quería consolarlo.

—Te odio tanto… —repitió él.

—No —lo corregí—, eso no es cierto. Lo que pasa es que tenés tanto odio… Vos tenés tanto odio adentro… Y podés terminar con él. Podés hacer que se termine ahora mismo.

Y así es como termina el sueño. El inmortal me confesó su verdad y yo me emocioné. En una historia escrita intencionalmente, probablemente éste es el punto en que los enemigos entienden que ninguno es mejor que el otro y aprenden a convivir en paz. En mi sueño, en cambio, quedó sobreentendido que mi plan había funcionado y que había convencido al inmortal de que se muriera. Lo único que yo no había contemplado es que su muerte me llenara de angustia, pero para eso ya era muy tarde.

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