Hablemos de género nominal sin ninguna razón particular

(Lo siguiente está pensado para explicar el concepto del género nominal, desde su uso en el idioma castellano, a personas angloparlantes. Lo escribí originalmente en inglés y no tiene mucho uso en castellano, pero lo traduzco por afán de completitud.)

Hay mucha presunción en la web angloparlante sobre lo que significa hablar un idioma con género nominal. Mucho da en el clavo, la mayor parte no. No soy ningún experto ni profesional del lenguaje, pero mi entendimiento corriente del castellano (un idioma de sustantivos/adjetivos/artículos con género) y mi manejo funcional aunque cavernícola del inglés ya me dan la bastante perspicacia como para iluminar algunas cosas que quizá valga la pena comentar.

Antes que nada, usar un sistema binario de géneros para clasificar humanos eventualmente va a llevar a inconsistencias ridículas con la realidad. Usarlo para clasificar objetos inanimados y conceptos o atributos abstractos es una locura. Perdón, pero no funciona.

Lo que  funciona (a veces, en algunos casos específicos) es clasificar palabras con categorías formales. Como cajitas abstractas, ¿no? Cajitas arbitrarias. Es decir, decir que una pared es hombre o mujer es ridículo. Pero pasando eso por algo un momento, hay ventajas reales en tener dos categorías aleatorias que afectan las dependencias gramaticales así. La más importante de las cuales es la desambiguación.

Sirve para desambiguar

Cuando escribo en inglés me preocupo muchísimo por el orden de las palabras, porque puede tener un impacto muy grande en las dependencias gramaticales. En castellano se siente (yo siento) como si hubiera más libertad para organizar las palabras de maneras que ayudan a aclarar la actitud del mensaje sin afectar seriamente el sentido proposicional de una oración.

Por supuesto que esto puede ser nada más que una sensación personal, porque soy mucho menos torpe con el castellano, pero no me parece que eso sea todo. A veces un adjetivo termina muy lejos del sustantivo que modifica. En inglés, esto quiere decir generalmente que quien lea se va a confundir, no va a quedar claro (a menos que el contexto sea muy compinche) cuál de los sustantivos que pasaron está siendo modificado. Cuando algo como esto pasa en castellano, podés simplemente cambiar un poco las palabras para que el género del adjetivo se corresponda solamente con el del sustantivo que se supone que modifica.

¿Qué pasa entonces cuando hay ambigüedad entre sustantivos del mismo género? Bueno, siempre habrá otras herramientas para desambiguar. El idioma inglés lo demuestra. Pero otra cosa que podés hacer es cambiar un sustantivo por un sinónimo de otro género. Esto también es importante. El género gramatical se aplica a las palabras, no a las cosas que las palabras designan. Mientras más popular/cotidiano es un objeto, más sustantivos tenemos para describirlo, más probabilidades de que haya varios masculinos y femeninos para elegir.

Puedo tener, por ejemplo, “Ella tiró la silla contra la pared así que terminó rota” pero sé que el contexto va a hacer que los lectores piensen que se rompió la silla, cuando de hecho lo que quiero es romper la pared. El ejemplo es bien ambiguo, incluso “Ella” podría razonablemente ser la que terminó rota.

El arreglo fácil que estoy proponiendo es “Ella tiró la silla contra el muro así que terminó roto”. Cambié “la pared” por “el muro” y el adjetivo femenino “rota” por su forma masculina “roto”. Ahora “muro” es el único sustantivo masculino en la oración de modo que es el único lugar al que “roto” puede estar señalando. “Muro” y “pared” son sinónimos, así que la oración no significa algo distinto ahora, al menos no sustancialmente.

No sirve mucho para lavar cerebros

Otra cosa que vale la pena notar es que el género nominal no convence a las personas de que todo en el universo responde a un sistema binario de géneros. Es obvio que afecta la forma en que pensamos sobre algunos objetos, pero en mi experiencia no determinan opiniones reales.

Y tampoco tiene la más mínima chance contra el análisis crítico. Digo, toda persona que en algún punto le dio demasiada importancia al género que el castellano usa para describir un objeto cambió de opinión inmediatamente ante la más ínfima de las oposiciones de mi parte.

—Pero X es femenino.

—Sí, la palabra en castellano. Pero el objeto no es realmente nada en términos de género.

—Tenés razón, es una cosa medio estúpida que las palabras hagan eso.

Todas y cada una de las veces.

Permite el juego

Mi ejemplo de la pared rota subraya que hay cosas que en castellano llevan muchos nombres. Seguro es lo mismo con muchos idiomas. Hasta de la gente se puede hablar con muchos nombres. Cualquier cosa, si estamos dispuestos a hablar lo bastante ampliamente, puede ser discutida como femenina o masculina, porque se puede llamar a casi todo “objeto” (m) o “cosa” (f). Y también están “persona” (f) y “ser humano” (m) para aquellas cosas que usualmente no queremos llamar cosas.

Tomemos la oración “Ricardo es una persona muy masculina, sus piernas musculosas pueden partir cabezas”. Bien, salvo por el sujeto “Ricardo”, todo sustantivo y adjetivo ahí es femenino o está en su forma femenina.

Lo mismo puede hacerse fácilmente con sustantivos masculinos: “El rostro de Juliana tenía los rasgos más femeninos, dos ojos grandes brillantes como el sol, labios rojos y delicados que podrían derretir corazones, y un cabello que más parecía finos hilos de fuego”. (Aunque el cabello técnicamente no es un rasgo facial, ¿no?)

De manera que incluso si los sustantivos con género aplican la binariedad genérica, también permiten cierto juego en su interior. Algunos objetos se sienten más femeninos que masculinos si hay más palabras femeninas para describirlos, o si las palabras femeninas para denominarlo son más comunes.

Muchos adjetivos tienen género neutro, lo cual significa que se ven igual independientemente del sustantivo que modifiquen: brillante, lumbar, inteligente, valiente.

Muchos sustantivos son ambiguos, es decir que es canónicamente correcto usarlos como masculinos o femeninos simplemente porque así se prefiere: azúcar, tilde, esperma, herpes, interrogante, lente, mar. El caso de “mar” es particularmente interesante, porque usar el femenino “la mar” sugiere una cierta familiaridad, y es usado mayormente por gente que trabaja en o cerca del mar.

Otros sustantivos incluso cambian con el tiempo, como es el famoso caso de “calor”, que era el femenino “la calor” un par de siglos atrás y ahora es “el calor” en todo el mundo hispanohablante.

Muchos casos son raros y las personas no saben cómo resolverlos. La mayoría de la gente usa el femenino “la víbora macho” porque “víbora” es un sustantivo femenino, y sin embargo duda ante la decisión entre “el sapo hembra” versus “la sapo hembra” porque “sapo” es masculino. “Macho” y “hembra” son uniformes, no hay “macha” o “hembro”, pero no es claro si esto se debe a que son inflexibles (no se los puede usar con el género opuesto) o a que son neutros (se los puede usar con cualquier cosa pero no cambian de forma).

En conclusión

No tengo una conclusión, pero gracias por aguantarme en mi primer post escrito originalmente en inglés, en vez de traducido de un original castellano.

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